Día Mundial de las Tortugas Marinas – 16 de junio

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Día Mundial de las Tortugas Marinas – 16 de junio

 

 

El Día Mundial de las Tortugas Marinas se celebra el 16 de junio, con el objetivo de concienciar sobre los peligros que sufren esta especie de animales para la supervivencia, como la presencia de plásticos en el agua, la contaminación del agua, la captura o la destrucción de nidos.

La fecha de conmemoración coincide con la fecha de nacimiento de Archie Carr, conservacionista de tortugas marinas.

 

 

Las tortugas marinas son uno de los grupos de animales más antiguos de la Tierra, actualmente seriamente amenazadas y especialmente protegidas en la Lista Roja de la IUCN (Unión Internacional de Conservación de la Naturaleza), donde se recogen las siete especies de tortugas amenazadas.

  • tortuga laúd (Dermochelys coriacea)
  • tortuga boba (Caretta caretta)
  • tortuga verde (Chelonia mydas)
  • tortuga franca oriental (Natator depressus)
  • tortuga carey (Eretmochelys imbricata)
  • tortuga bastarda (Lepidochelys kempii)
  • tortuga olivácea (Lepdochelys olivacea)

 

El día 16 de junio celebramos el Día Mundial de las Tortugas Marinas, un día en el que recordamos las maravillas de uno de los grupos de reptiles más antiguos del planeta y concienciamos al público sobre el estado de conservación de estos animales.

 

Los quelonioideos

Este es el nombre de la super familia en la que se incluyen las tortugas marinas.

Hay siete especies de tortugas marinas: la tortuga plana (Natator depressus), la tortuga verde (Chelonia mydas), la tortuga carey (Eretmochelys imbricata), la tortuga boba (Caretta caretta), la tortuga laúd (Dermochelys coriacea), la tortuga olivácea (Lepidochelys olivacea) y la tortuga bastarda (Lepidochelys kempii).

Pertenecen a uno de los grupos de reptiles más antiguos del mundo, superando a las serpientes, los cocodrilos y los caimanes. Estas criaturas se remontan a la era de los dinosaurios: ¡unos 200 millones de años atrás!

Las tortugas carey, que se distinguen por sus picos puntiagudos, se encuentran al borde de la extinción.

Con poblaciones que no superan el 10 por ciento de lo que eran hace un sigloRichard Hamilton, director del programa Nature Conservancy’s Melanesia, afirma que estas tortugas son las que corren mayor peligro de desaparecer de las siete especies de tortugas marinas en peligro de extinción.

Además, también se encuentran entre las especies de menor tamaño que habitan las aguas tropicales y subtropicales del Atlántico, el Pacífico y el Índico.

Se enfrentan a amenazas que parecen infranqueables: el comercio ilegal en alza de sus caparazones, la captura furtiva de sus huevos, la caza por su carne, la erosión de las playas, el avance humano en sus lugares de anidación y la degradación de los arrecifes de coral, donde procuran alimento.

No se conoce el número exacto de tortugas carey que quedan en el planeta.

Contarlas es algo complicado porque solo salen a la orilla para anidar una vez entre cada dos o siete años, y cuando lo hacen, normalmente van en grupos pequeños.

El Sea Turtles Conservancy estima que quedan entre 20.000 y 23.000 hembras anidando en todo el mundo.

Las Islas Arnavon -cuatro islotes en las Islas Salomón que acogen a entre 300 y 600 hembras para anidar cada año y con una población total de entre 2.000 y 4.000 tortugas– son la mayor colonia en todo el Pacífico Sur.

Según Hamilton, el furtivismo en las Islas Salomón es cada vez peor, y los productos fabricados con caparazones de tortugas carey se venden incluso en el aeropuerto de la capital, Honiara.

Para los nativos es legal criar en cautividad a este tipo de tortugas para subsistir, pero las leyes nacionales prohíben la venta de cualquier producto fabricado con sus caparazones, prohibición que también figura en las leyes de comercio internacional.

En abril, durante el pico de la estación de anidación, los científicos de Nature Conservancy y los líderes comunitarios del Área de Conservación Marina de la comunidad de Arnavon consiguieron marcar a 10 tortugas carey con localizadores GPS.

Aunque los cazadores furtivos mataron posteriormente a dos de las hembras, los datos de las otras tortugas ya han proporcionado mucha información sobre el movimiento de las tortugas carey, así como sobre sus hábitos de anidación y su alimentación.

 

Los hallazgos clave

 

 

  • Las tortugas marinas van de isla en isla. La información del satélite revela que las tortugas anidaban en playas en dos áreas principales de las islas de Kerehikapa y Sikopo. Como resultado, se ha doblado el número de guardas, de 3 a 6, y se encuentran presentes en ambas islas.
  • El centro principal de anidación es en la isla de Sikopo, probablemente porque los niveles del mar y las tormentas han erosionado las playas en Kerehikapa. Sikopo se ha visto afectada en menor grado porque tiene más playas elevadas.
  • Buenas noticias: durante la anidación y el periodo de dos semanas en el que hay varias puestas de huevos sucesivas, las tortugas pasan prácticamente todo el tiempo dentro de las fronteras de las áreas protegidasde las Islas Arnavon.
  • Las pautas de migración varían de forma extrema. Una de las tortugas etiquetadas se quedó en las islas Salomón, aunque la mayoría nadó de vuelta a la Gran Barrera de Coral australiana, recorriendo una distancia de 2.092 kilómetros hasta el que es su hogar hasta la próxima estación de anidación. Las que volvieron a las partes del norte y centro del arrecife encontraron un hábitat muy diferente al que habían dejado: el blanqueamiento del coral a causa de las temperaturas cada vez más elevadas ha matado a más del 35 por ciento de los corales en ese área.

Hamilton espera poder expandir este programa de seguimiento de tortugas.

«Necesitamos hacernos una idea de las tasas actuales de captura de tortugas», explica.

«Nadie tiene información sobre las tasas legales o ilegales de captura, o sobre qué tasa sería sostenible».

Con esta información, debería ser más fácil cortar de raíz las exportaciones y conseguir que se aplique la ley.

«A largo plazo, los nativos necesitan informarse acerca de las tortugas. Si la comunidad se encuentra implicada en todo el proceso, desde ponerles nombre a las tortugas etiquetadas hasta monitorizar las playas, mi perspectiva es bastante optimista«, afirma Hamilton.

 

Caparazones

Se las reconoce fácilmente por sus caparazones cartilaginosos. Esta carcasa las protege de los depredadores, sin embargo, no todos son iguales. La tortuga laúd, por ejemplo, tiene un caparazón flexible.

De hecho, el caparazón de una tortuga forma parte de su esqueleto y se compone de más de 50 huesos, entre los que se incluyen la caja torácica y la columna vertebral.

 

Dieta

Las tortugas marinas no tienen dientes, sino una serie de picos de queratina (el mismo material del que están hechas las uñas) en la parte superior de sus bocas.

Su alimentación depende del entorno en el que viven pero todas las tortugas marinas son omnívoras y su dieta puede variar desde algas a calamares, pasando por medusas. Es más, las tortugas parecen preferir alimentos de color rojo, naranja y amarilla.

Más sobre tortugas: Las tortugas marinas, en peligro por culpa del cambio climático

No son buenos tiempos para las tortugas marinas. Históricamente buscadas por su carne, piel, caparazón y huevos, ahora el cambio climático representa una nueva amenaza.

El sexo de las crías de estos animales depende de la temperatura de la arena en la que ponen los huevos: la arena más caliente provoca el aumento de la proporción de crías hembra.

Efectivamente, esta especie ha evolucionado para sincronizar su reproducción con los momentos del año en los que la temperatura produce igual número de  machos que de hembras. Si esta proporción se pierde, las poblaciones podrían disminuir drásticamente debido a la escasez de uno de los sexos.

Sin embargo, ésta no es la única consecuencia del cambio climático para las tortugas.

Además, el aumento de eventos climáticos extremos, como huracanes y ciclones tropicales, podría poner en peligro su hábitat, inundando sus nidos y erosionando las playas.

Igualmente, a medida que sube el nivel del mar, se reduce su hábitat y los lugares de desove. Si ya es difícil para las tortugas encontrar playas que se adapten a las condiciones necesarias para poner sus huevos, debido al aumento de la construcción, la subida del nivel del mar complica todavía más las cosas.

Por otra parte, el aumento de la temperatura puede provocar cambios en las corrientes de los océanos, algo que preocupa especialmente en el Canal de Mozambique.

Así, las tortugas podrían tener que cambiar sus migraciones y lugares de desove, encontrando lugares que podrían no ser ideales para su supervivencia y desarrollo.

¿Qué podemos hacer para ayudarlas? En primer lugar, debemos protegerlas de las amenazas que ya conocemos, como la pesca, que sigue siendo la mayor causa de mortalidad para la especie.

Biólogos de la isla de la Reunión llevan tiempo trabajando para identificar los corredores migratorios de las tortugas verdes que en ocasiones las llevan cerca de zonas de actividad pesquera, algo especialmente peligroso si se practica la pesca de enmalle, donde se enredan y mueren miles de tortugas al año.

Algunas formas de mitigar las consecuencias incluyen la modificación del diseño de las redes para evitar que queden atrapadas o su iluminación a partir de barras luminosas. Sin embargo, casi lo más importante, según los expertos, es educar e informar a los pescadores sobre la necesidad de evitar que caigan en sus redes tortugas marinas.

A pesar de los avances tecnológicos, todavía queda mucho por descubrir sobre esta especie, sobre todo en lo relacionado con los movimientos de las crías, que son demasiado pequeñas como para colocar transmisores convencionales en sus caparazones. Para los científicos sería fundamental para saber en qué momento las crías pasan de dejarse llevar por las corrientes marinas a convertirse en nadadores activos.

Todas estas investigaciones buscan averiguar si las tortugas serán capaces de adaptarse con la celeridad necesaria a los cambios que se prevén para las próximas décadas en los océanos. Para algunos, hay esperanza, al menos en el caso de las tortugas verdes, que ya han superado varias crisis climáticas en el pasado y han demostrado una gran capacidad de adaptación.

 

Reproducción

Las tortugas marinas tienen enormes caparazones que añaden una dificultad física adicional al apareamiento. Estos reptiles de enormes caparazones tienen cloacas, orificios que sirven tanto para la reproducción como para la expulsión de excrementos. El pene del macho emerge de esta cloaca, pasa por debajo del caparazón de la hembra y posteriormente lo mete en la cloaca de ella.

Quizá te resulte gracioso, pero el hecho es que el sexo presenta desafíos especiales para los animales acuáticos. Piensa por ejemplo en lo difícil que es mantenerse sobre una balsa hinchable, y eso que la balsa no intenta alejarse nadando.

Recientemente, la bióloga marina Dara Orbach presentó uno de los primeros trabajos de investigación sobre cómo se conectan los genitales del delfín, lo que ha despertado nuestra curiosidad sobre cómo los grandes animales controlan la física del apareamiento subacuático.

 

La agilidad de los cetáceos

 

 

El primer desafío que supone el apareamiento bajo el agua es alinear los órganos reproductores de los dos individuos. «A diferencia de lo que ocurre en un entorno terrestre, donde hay barreras físicas, el océano no tiene un punto de apoyo», explica Orbach, de la Universidad Dalhousie en Nueva Escocia. Y como los cetáceos —delfines, ballenas y marsopas— «no tienen apéndices para mantener a sus parejas en su lugar, la posición y el ángulo son factores importantes», afirma la bióloga.

El apareamiento vientre contra vientre permitiría a los machos empujar a las hembras hacia arriba, utilizando la superficie del agua como barrera. Si ambos miran en la misma dirección «el macho mueve su pene alrededor del cuerpo de la hembra», explica Patricia Brennan, bióloga evolutiva en la Universidad Mount Holyoke que colabora con Orbach.

«Los machos pueden mover el pene», explica. Necesitan este control tan increíble para navegar por la compleja estructura vaginal de las hembras. Orbach y sus colegas han descubierto que algunas especies de delfín presentan vaginas con numerosos pliegues, característica que podría tener la función de decidir si el esperma del macho llega hasta el óvulo o si se queda en un callejón sin salida.

Se podría decir que la vagina del delfín está llena de maniobras de distracción.

Más sobre delfines: La primera especie de delfín de río descubierta en un siglo

El pene del delfín es fibroelástico, lo que significa que el tejido eréctil está lleno de colágeno y elastina y puede emerger rápidamente. Este diseño podría resistir mejor a la fuerza de arrastre del agua, que probablemente ha influenciado la estructura del pene, según explica Orbach.

El apareamiento en sí solo lleva unos momentos. La selección natural podría favorecer a los machos de delfín «que pueden liberar su esperma rápidamente», debido a la dificultad de mantener estas posiciones y al hecho de que los delfines tienen que salir a la superficie para respirar.

Las ballenas también presentan un apareamiento rápido y un pene con habilidades similares, explica Marah Hardt, autora del libro Sex in the Sea.

 

Utiliza las garras

 

Las tortugas marinas tienen enormes caparazones que añaden una dificultad física adicional al apareamiento.

Para solucionar ese problema, los machos literalmente lo sortean, es decir, dan la vuelta. Estos reptiles de enormes caparazones tienen cloacas, orificios que sirven tanto para la reproducción como para la expulsión de excrementos. El pene del macho emerge de esta cloaca, pasa por debajo del caparazón de la hembra y posteriormente lo mete en la cloaca de ella.

Pero no es una cita privada. «Los machos tienen garras especiales en la parte frontal de sus aletas que utilizan para engancharse a la hembra», explica Hardt, y se agarran a ella mientras otros machos intentan luchar contra él para aparearse con la hembra.

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Incubación

En los meses cálidos, las tortugas hembra acuden a las playas en las que ellas mismas nacieron en busca de un punto de anidación. Usando sus aletas traseras, estos reptiles excavan un nido en la arena y ponen sus huevos, un proceso que puede durar hasta tres horas.

Pueden llegar a poner 100 huevos, que incuban durante aproximadamente 60 días. Un hecho curioso es que las tortugas laúd emiten sonidos curiosos mientras anidan y algunos de ellos se parecen a los eructos humanos.

Las llamadas tortugas bobas inician épicas migraciones en el mar tras eclosionar, y después vuelven al sitio exacto en el que nacieron para aparearse y poner sus propios huevos, algo que siempre ha intrigado a los expertos.

Los científicos ya sabían que las tortugas, al igual que otros muchos animales, se orientan gracias a las líneas invisibles del campo magnético, aunque se desconocía el método que siguen para volver al punto exacto en el que comenzó su aventura.

Ahora, un estudio publicado en la revista Current Biology confirma que también dependen del campo magnético de la Tierra para volver a casa: cada zona de la costa tiene su propia firma magnética, que los animales recuerdan y utilizan después como su brújula particular.

No se trata de un viaje sencillo, eso sí, pues el campo magnético cambia lentamente y las tortugas se ven obligadas a cambiar también sus puntos de anidación.

«Resulta fascinante cómo estas criaturas encuentran su camino en esa enorme extensión de nada», comenta el coautor del estudio J. Roger Brothers, estudiante de posgrado de la Universidad de Carolina del Norte (Estados Unidos).

Las tortugas bobas, que pesan alrededor de 115 kilogramos, se encuentran repartidas por todos los océanos del planeta y aunque viajan a lo largo de cientos de kilómetros, prefieren los hábitats costeros.

El equipo combinó los datos obtenidos por voluntarios (en Florida, por ejemplo, recorren las playas contando ejemplares de la especie) con datos oficiales para demostrar que, efectivamente, los lugares de anidación de las tortugas cambian en consonancia con los cambios del campo magnético.

 

Los bebés tortuga

Una vez que los huevos eclosionan, las tortuguitas recorren a duras penas el tramo de arena que las separa del mar. Para guiarse utilizan la luz de la luna o de las estrellas que se refleja sobre el agua.

Se estima que solamente una de cada 1.000 crías de tortuga marina sobrevive y alcanza la edad adulta.

 

Duras migraciones

Las tortugas marinas pueden migrar largas distancias. El récord lo ostenta una tortuga laúd hembra que logró nadar 20.900 kilómetros en 647 días, desde Indonesia a la costa oeste de Estados Unidos.

 

De todos los tamaños

Las especies de tortugas marinas pueden variar enormemente en lo que se refiere a su tamaño. La más pequeña es la tortuga bastarda, que mide en torno a 70 centímetros de largo y puede llegar a pesar 40 kilogramos. Sin embargo, la tortuga laúd puede llegar a medir 180 centímetros de largo y pesar 500 kilogramos, siendo hasta 10 veces más pesada que su pariente.

 

Animales longevos

Las tortugas marinas pueden vivir de 150 a 200 años según su especie.

Los primeros años de vida de una tortuga marina se denominan en muchas ocasiones «los años perdidos». Eso se debe a que durante el tiempo que transcurre entre que las crías salen de los huevos y vuelven a las aguas poco profundas de la costa para alimentarse estas criaturas son extremadamente difíciles de estudiar. Estos «años perdidos» que pasan en el mar, que pueden ser hasta 20, son todo un misterio para los humanos.

 

Los animales terrestres más longevos

 

 

Actualmente, el animal terrestre más viejo del mundo es Jonathan, una tortuga gigante de Aldabra de 183 años que vive en los terrenos de la mansión del gobernador de la isla de Santa Helena.

 

Una familia en peligro

Tristemente, y pese a todas sus características y adaptaciones, seis de las siete especies de tortugas marinas han sido declaradas en peligro crítico, en peligro o vulnerables según la Lista Roja de la UICN.

Para la séptima especie se carecen de datos suficientes para establecer una clasificación.

Las tortugas marinas se enfrentan a diferentes amenazas como la pesca –cuando se quedan atrapadas en las redes y mueren ahogadas–, la destrucción de su hábitat, el desarrollo costero destruye sus lugares de anidación y la contaminación por el plástico, la caza furtiva, los cazadores buscan la carne, los caparazones y los huevos de las tortugas, que son una delicatesen en algunas culturas y el cambio climático la subida del nivel del mar y la mayor intensidad de las tormentas.

 

Solo quedan 3 ejemplares de estas tortugas en la Tierra

 

 

Y los conservacionistas están buscando desesperadamente una cuarta.

En las aguas de la provincia de Yunnan en China, un equipo de conservacionistas espera encontrar una tortuga con esperma valioso.

La tortuga de Swinhoe o tortuga de caparazón blando de Shanghái es la especie que se encuentra en mayor peligro inminente de extinción del mundo.

Un macho y una hembra se encuentran en cautividad en el zoo de Suzhou en China, y una única tortuga vive en estado salvaje en un lago vietnamita llamado Dong Mo.

Se cree que esta última tortuga es un macho, pero debido a lo escurridizas que son, determinar su sexo es una tarea difícil.

Las tortugas de Swinhoe, también conocidas como tortugas de caparazón blando de Shanghái, son las tortugas más grandes de agua dulce en el mundo.

Pueden vivir durante casi un siglo y crecer hasta alcanzar los 90 kilogramos.

La especie ha menguado rápidamente durante la segunda mitad del siglo XX a medida que el desarrollo de la infraestructura en el río Rojo de China ha devastado el hábitat de las tortugas.

A medida que China fomenta las energías renovables, se han ido construyendo pesas con gran rapidez en la región suroeste del país, que pueden perturbar en gran medida la vida silvestre en la región.

Para que las poblaciones prosperen, las tortugas necesitan playas y aguas limpias en las que cazar.

Prácticamente todas las especies de tortugas marinas se encuentran en peligro, así como muchas de sus hermanas de agua dulce, como es el caso de las tortugas de Swinhoe.

Sus huevos, carne y piel las vuelve vulnerables a la caza furtiva, y su hábitat es extremadamente susceptible a sufrir los efectos adversos del cambio climático.

 

Reconstruir una especie entera a partir de solo tres tortugas es una tarea difícil, pero no imposible.

Los investigadores de la Wildlife Conservation Society están buscando una tortuga de Swinhoe salvaje que, según creen, está escondida en las profundidades de la provincia de Yunnan.

Aimin Wang, directora de la división china de la Wildlife Conservation Society becada por National Geographic, habló con National Geographic sobre sus esfuerzos para salvar a la especie de la extinción.

 

Encontrar tortugas de Swinhoe en la provincia de Yunnan

Estamos llevando a cabo estudios de campo para buscar a la tortuga de Swinhoe en la naturaleza. Este año, de abril a mayo, el equipo está realizando un estudio de campo en el río Rojo. Todavía no hemos encontrado ninguna, pero planeamos que cada año volveremos a China durante la misma época para tratar de encontrar una.

 

¿Qué le lleva a pensar que todavía se puede encontrar una?

Hemos hablado con habitantes locales que, basándose en la descripción que nos dieron, probablemente han visto una de estas tortugas [de Swinhoe]. No podemos estimar cuántas hay, pero gracias a los testimonios de los lugareños, sabemos que debería haber una o dos.

 

¿Qué supondría para la especie encontrar un ejemplar?

Incrementa ligeramente nuestra oportunidad [de tener un apareamiento exitoso]. El macho en China es bastante viejo, pero la hembra es joven. Hemos usado inseminación artificial. Los últimos cuatro intentos con la pareja en China no tuvieron éxito. Lo intentamos una quinta vez y obtuvimos esperma de alta calidad. Pero no sabremos si los resultados han sido un éxito hasta dentro de un mes.

 

¿Por qué es tan importante salvar a estas tortugas?

Esta es una especie insignia y su papel es muy relevante para la biodiversidad. Sirven como un importante [indicador de salud medioambiental]. Si podemos ayudarlas a sobrevivir, significará que tenemos un buen sistema ecológico. Si desaparecen, eso significa que nuestro sistema ecológico es malo.

 

¿Hay esperanza para esta especie?

Podría ser demasiado tarde, pero ahora tenemos oportunidades de salvarlas. El momento más crítico para empezar los esfuerzos de conservación de esta especie fue hace diez años, pero la gente no se dio cuenta de ello. Si podemos encontrar una en la naturaleza, esto podría incrementar nuestras probabilidades.

 

 

Las tortugas marinas pueden transportar más de 100.000 organismos diminutos en sus caparazones

 

 

Estudiar la diversidad y la abundancia de las criaturas que viven sobre las tortugas bobas podría ayudar a los científicos a rastrear y comprender mejor a estos reptiles.

Las tortugas bobas migran miles de kilómetros a lo largo de los mares del mundo, pero no viajan solas: las investigaciones han demostrado que transportan poblaciones diversas y abundantes de criaturas diminutas en sus caparazones.

Un nuevo estudio publicado el 20 de mayo en la revista Diversity desvela que las tortugas bobas transportan una media de 34 000 ejemplares de meiofauna marina —organismos inferiores a un milímetro— sobre la espalda. Una tortuga boba llegó a transportar 150 000 animales sobre su caparazón, entre ellos nematodos, larvas de crustáceos y camarones.

«Hay literalmente un mundo sobre ellas», afirma Jeroen Ingels, ecólogo marino de la Universidad del Estado de Florida. Es impresionante descubrir «ese tipo de diversidad en otro organismo».

Ingels y su equipo hallaron más de cien nuevas especies de meiofauna, la mayoría nematodos, que no se habían encontrado antes en tortugas bobas ni en otras tortugas marinas. Para hacerlo, el equipo examinó a 24 tortugas bobas que llegaron a la isla St. George, en Florida, en junio de 2018.

Ya se había constatado que las tortugas transportan polizones, pero Ingels señala que nunca se habían observado esta cantidad ni este grado de diversidad.

Los estudios sobre estos polizones diminutos podrían ayudar a los investigadores a rastrear los viajes de estas y otras tortugas marinas, ya que algunas especies de meiofauna son exclusivas de regiones específicas, lo que podría orientar las iniciativas futuras para proteger a las tortugas bobas. La investigación también podría explicar cómo se mueven los organismos diminutos por el océano, algo que sigue siendo un misterio.

 

Mundos flotantes

 

Ingels cuenta que «la meiofauna ocupa todos los espacios pequeños que no pueden ocupar otros organismos», así que es de esperar hallarla en tortugas. Pero señala que lo que les sorprendió fue la cantidad.

Estos animales microscópicos incluyen nematodos, que parecen gusanos diminutos y que están presentes en casi todos los entornos de la Tierra, desde el fondo del mar hasta el suelo de las montañas más altas. También descubrieron anfípodos, unos crustáceos diminutos denominados copépodos y unos depredadores con aspecto de medusa llamados hidroides.

La vida sobre el caparazón es competitiva, dice Ingels. Muchos de los polizones más grandes, como los camarones y los cangrejos, acostumbran a depredar a los habitantes más pequeños del caparazón. Los nematodos devoran las bacterias y los detritos que se asientan sobre el caparazón y, en algunos casos, también se comen a otros nematodos.

«Se trata de un universo microscópico muy diverso que interactúa y del que sabemos muy poco», afirma Ingels.

Algunos de los animales de mayor tamaño, como los percebes, pueden incrustarse y dañar el caparazón de una tortuga y aumentar la resistencia al nadar, pero también pueden ayudar a camuflarlas. Sin embargo, la meiofauna es poco propensa a dañarlas. «Las tortugas tienen parásitos y plagas, no cabe duda, pero la meiofauna no pertenece a esas categorías».

Nathan Robinson, investigador de tortugas marinas de la Fundación Oceanogràfic de Valencia que no participó en el estudio, señala que tiene sentido que los caparazones de tortuga marina estén cubiertos de una gran abundancia de seres vivos. «Se trata de un tipo de plataforma perfecta, una especie de balsa, para desplazarse por el mar», afirma. «Quiere decir que te arrastran perpetuamente en una corriente plagada de comida», lo que supone una gran ventaja para los seres que se alimentan por filtración, como los percebes y las esponjas.

 

Un proceso de recogida minucioso

 

 

Ingels y sus colegas estudiaron a las tortugas bobas de la isla St. George porque es uno de los lugares de anidación más densos del norte del golfo de México. Para encontrar a los animales, utilizaron lámparas frontales con luz roja, cuya longitud de onda es menos perturbadora para las tortugas y que no interfiere con la visión nocturna humana. Para trabajar con las tortugas, los investigadores deben recibir formación y certificación de la Comisión de Conservación de Pesca y Vida Silvestre de Florida.

Ingels y sus compañeros tomaron muestras de las tortugas con rapidez y solo se acercaron a las tortugas si ya estaban volviendo al mar. «Es crucial no interrumpir la oportunidad de una tortuga de poner todos sus huevos», afirma Ingels.

Durante la recogida de muestras, los científicos se agacharon junto al animal y emplearon espátulas de plástico para retirar con cuidado las criaturas que podían ver sobre el caparazón. A continuación, utilizaron esponjas empapadas de agua dulce para recoger a los organismos demasiado pequeños para observarlos a simple vista.

Ya en el laboratorio, utilizaron coladores finos para separar los organismos más grandes, como los moluscos y los cangrejos pequeños, de la meiofauna. Bajo un microscopio, empezaron a clasificar e identificar lo que encontraron.

«La primera vez que ves la muestra siempre es emocionante, porque no sabes lo que vas a encontrar», afirma Ingels.

Ingels no puede estudiar a las tortugas bobas que vuelven a anidar este junio debido a las restricciones por la pandemia de coronavirus, pero tiene muchas ganas de comprobar qué nuevas criaturas llevarán las tortugas a sus espaldas el año que viene, sobre todo en las que ya han estudiado y marcado.

 

Ferris de microorganismos

 

El estudio plantea incógnitas sobre cómo se suben a los caparazones estos animales diminutos y lo importantes que son las tortugas para que se desplacen.

Es probable que las tortugas capten a muchos de los polizones cuando se alimentan en el fondo del mar —un punto caliente de meiofauna— removiendo el lecho donde viven las criaturas microscópicas que podrían encontrar un nuevo hogar sobre su caparazón, señala Ingels.

Theodora Pinou, bióloga de tortugas marinas y profesora de la Universidad del Estado de Connecticut Oeste que no participó en el estudio, indica que es probable que las tortugas adquieran tantos polizones solamente a raíz de sus actividades y su entorno, no porque haya nada especial o hospitalario en sus caparazones.

«No creo que la tortuga sea el imán», dice. Pinou ha descubierto que las tortugas bobas que viven en el océano Atlántico transportan más polizones diminutos que sus homólogas del Pacífico. Sospecha que eso se debe a las diferentes condiciones ambientales y los niveles distintos de abundancia de meiofauna.

Independientemente de cómo acaban los animales subidos a las tortugas, los reptiles sí que sirven de balsas, ya que distribuyen a sus polizones al migrar. Esto podría explicar cómo muchos animales diminutos presentan una distribución tan amplia, lo que sigue siendo un misterio en cierto modo, ya que muchas de estas criaturas son incapaces de nadar lejos o sobrevivir en mar abierto en largas distancias.

«Un fragmento flotante de percebes bravos o de banquisa puede trasladar determinados organismos, pero se trata de una escala y una frecuencia diferentes cuando hablamos de tortugas marinas», afirma Ingels.

 

Rastreadores biológicos

 

Los largos viajes de las tortugas marinas hacen que rastrearlas sea difícil y caro. Ingels espera que analizar a estos polizones y su respectiva dieta proporcionen pistas sobre dónde las recogieron las tortugas o a dónde han viajado, e Ingels espera realizar esos análisis en el futuro.

Aún no se han llevado a cabo estudios de este tipo en meiofauna. Pero sí se ha examinado la composición química de los percebes sobre las tortugas bobas y las verdes. Este trabajo demuestra que los isótopos —o variantes químicas— del interior de los percebes proporcionan un registro de las condiciones de los lugares por los que han pasado, como la temperatura y la salinidad, que pueden utilizarse para deducir rutas migratorias.

«Cuanto más detenidamente examinas a estos animales, más descubres», explica Robinson

 

Te puede interesar;

🔹 Día Mundial de los Océanos

🔹 Día Mundial de las Ballenas y Delfines

🔹 Día Mundial del Medio Ambiente

 

Otras celebraciones del 16 de junio

  • Día Internacional de la Solidaridad con el Pueblo en Lucha de Sudáfrica
  • Día Internacional de las Remesas Familiares
  • Día Internacional del Niño Africano

 

Referencias;

  • nationalgeographic.es/
  • nationalgeographic.com/
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