Día Mundial por el Decrecimiento
El 29 de octubre se celebra el Día Mundial por el Decrecimiento (o Degrowth), una jornada que propone un cuestionamiento profundo a nuestro modelo económico actual, basado en el crecimiento perpetuo del Producto Interior Bruto (PIB) en un planeta con recursos finitos.
¿Qué es el Decrecimiento?
Lejos de lo que el nombre sugiere, el decrecimiento no es una recesión económica ni un empobrecimiento forzado. Es una propuesta política, económica y social que aboga por una reducción planificada, democrática y justa del consumo y la producción en los países más ricos.
El objetivo es alcanzar una sociedad donde el bienestar humano y la sostenibilidad ecológica se sitúen por encima del afán de lucro y la acumulación material.
Los pilares fundamentales del movimiento
El decrecimiento se apoya en una serie de valores que buscan redefinir lo que significa «vivir bien»:
Suficiencia: Dejar de confundir el consumo con la felicidad. Se trata de cubrir necesidades reales y vivir con lo suficiente, evitando el consumismo innecesario.
Reparto del trabajo: Reducir la jornada laboral para que el empleo sea más equitativo, permitir más tiempo para el ocio, el cuidado de los demás y la participación ciudadana.
Revalorización de los cuidados: Poner en el centro las actividades que sostienen la vida (crianza, apoyo mutuo, voluntariado, artes), que el mercado suele ignorar porque no generan «valor monetario».
Autogestión y escala local: Fomentar la soberanía alimentaria, energética y la producción local, fortaleciendo los lazos comunitarios y reduciendo la dependencia de cadenas globales de suministro altamente contaminantes.
Justicia global: Reconocer que el crecimiento desmedido del Norte Global ha sido a costa de la explotación de recursos y personas en el Sur Global. El decrecimiento propone un reequilibrio necesario.
¿Por qué es necesario hoy?
La crisis climática y la pérdida de biodiversidad nos han demostrado que no existe el crecimiento verde infinito. Seguir intentando separar el crecimiento económico del impacto ambiental («desacople») ha resultado insuficiente. El decrecimiento argumenta que:
Es físicamente imposible seguir creciendo en un planeta finito.
El aumento del PIB no se traduce directamente en un aumento del bienestar real o la felicidad una vez que se han cubierto las necesidades básicas.
La desigualdad social es inherente a un sistema que prioriza la acumulación de capital sobre la redistribución de la riqueza.
¿Cómo se materializa esta idea en la vida diaria?
Consumo crítico: Elegir productos de proximidad, reparar en lugar de tirar (apoyando a artesanos como los zapateros que celebrábamos hace unos días) y evitar la compra impulsiva.
Menos prisa, más comunidad: El decrecimiento nos invita a desacelerar (slow living), pasando más tiempo con nuestra comunidad y menos tiempo persiguiendo metas de productividad constante.
Apoyo a economías alternativas: Participar en cooperativas, bancos de tiempo, huertos urbanos y proyectos de economía circular.
Reflexión: El decrecimiento es una invitación a la imaginación política. Nos plantea una pregunta difícil pero necesaria: ¿Qué pasaría si, en lugar de preguntarnos cómo hacer crecer la economía, nos preguntáramos cómo hacer que nuestras vidas sean mejores, más saludables y más equitativas, usando menos energía y menos recursos?
